BOLITA POR FAVOR

 

Hay de redes a redes

En el mar pescan peces. Las mejores en tierra son las que atrapan el gol, la razón de ser de la bola, la vida y la banda, en pandilla o en familia, en torno a la cancha que bien puede ser el llano o la playa, el parque, el patio y la azotea. Sin cancha ni portería no hay nada, pero si las hay y corre el balón, la vida puede comenzar nuevamente.

Lo bonito del fútbol es que del gran fruto redondo que nos quita el sueño y nos hace soñar, hasta la cáscara sirve, porque ni el equipo ni el terreno de juego tienen tamaño fijo, aunque sí límites: nunca más de once en cada lado, nunca menos de dos rivales declarados y nunca más de 120 metros por 90.

En el fut nadie es un llanero solitario. El Ilano sólo es cancha cuando reúne a jugadores, aguadores y paleros. Con suerte, su público y el del otro. Todos toman posición. Hasta los vendedores de aguas y refrescos.

 

Después del volado inicial la suerte está echada, puede suceder cualquier cosa porque la imaginación manda, y donde los demás ven pasillos, patios o callejones, los que juegan ven un estadio, sienten el rugir de una multitud imaginaria y son ellos los propios narradores de su grandeza o su fracaso. A falta de Ilano, alambrados o paredes. Y cuando una ventana sirve de red, del gol llueven estrellas.

Juan o Pedro se convierten en instántaneos Messi, C7 o Ronaldihno si lo quieren, y el del paradón merece llamarse Kelvin Navas y no Perico de los Palotes. "Ese mi Kelvin. Lo real es el balón y lo que tejen los pies, la verdad última está en el gol, cuando la red anida en ella el balón que estremece a todos y arranca un grito largo: ¡Goool! Y ya no importa que la vida sea corta.