FUERA DE LUGAR

 

Aquí se reivindica el partido de los llanos

El juego bonito de las favelas brasileñas, el chido de los barrios y márgenes mexicanos. El fútbol comunitario que se teje entre redes y se celebra en las periferias, sobre el concreto o el terreno sin pasto, entre la polvareda que levanta cada patada, con o sin gol como destino.

Sin fútbol no hay paraíso, aunque las llamas crezcan. Vamos por la cascarita en el potrero, a contracorriente del spectáculo más rentable del mundo, el que deja al aficionado del barrio no en la última fila, sino, literalmente, sin lugar en el estadio.

Desde los márgenes se cuentan historias que son retratadas por una mirada profunda. Se hace click en la carcajada abierta, en el balón que cruza la frontera, en el horizonte urbano en el que se olvida el viacrucis cotidiano mientras no haya silbatazo final.

 

El grabado y la ilustración muestran una coyuntura vibrante. Esta historia un día se contará completa, y aquí, aunque las borren, las paredes hablan de las raíces del país anfitrión, del México de Los Nadies, tan bien nombrados por Eduardo Galeano, tan amante del fútbol.

El arte y la cultura de abajo, la intervención en las calles para visibilizar la lucha por la vida, caminan a ras del suelo. Hay una narrativa a contracorriente que reclama espacio. O lo toma. El fútbol es también herramienta liberadora.

Que ruede la pelota al son de la resistencia. La banda sonora se alista. Aquí se dibuja, cómo no, la alegría del que la vuela va por ella.